TOTEM Y TRUMP
El animal político, conocido como Trump, ha sido sacrificado por l@s trumpistas en una fiesta de homenaje y asesinato simbólico del líder. Algun@s participantes del ritual aportan el sacrificio de sangre que subraya que esto va en serio. Los disfraces no han de despistarnos. No estamos ante un carnaval televisado sino participando de un sacrificio ritual mundial.
Freud nos señala que el tótem es un sustituto inconsciente del padre y Trump encarna esa figura para millones de norteamerican@s.
La horda, en una performance en la que actúa como vanguardia del pueblo norteamericano, dispuesta a todo menos a retroceder, invade el Capitolio. En ese movimiento asesina políticamente al tótem Trump, adorado y sacrificado en una macabra fiesta, atravesada por la ambivalencia afectiva que caracteriza a este tipo de ritual.
La caída de Trump no es la del trumpismo. Los trumpistas que devoran al tótem en el banquete ritual, se identifican con él y se apropian de la fuerza totémica.
Una vez suprimido Trump, veremos a sus hijos disputarse el lugar paterno de la horda. La verdadera fe trumpista se afianzará con la desaparición de Trump. La culpabilidad de l@s fieles les llevará a una obediencia compensatoria y retrospectiva a sus principios. La era trumpista empieza ahora. Bienvenid@s al año cero.

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