Catalunya anhedónica


Hoy es día de elecciones a la Generalitat de Catalunya. Son unas elecciones desangeladas después de unos años de intensidad política en el que el movimiento independentista llegó a movilizar a gran parte de la población.

En este anhedónico ambiente, aún hay políticos independentistas presos y los sábados por la noche TV3 nos muestra disidentes de diversos orígenes. Se permite visibilidad a personas y movimientos a los que en otros momentos no se les hubiera dado ningún o casi ningún espacio en el ente público. Ahora, todo lo que muestre las disfunciones democráticas del estado español es bien acogido. Eso sí, con algún tonto útil de la derecha españolista, que no se diga que no es una televisión plural.

El programa Sálvame de Tele5, en el que tertulianos debaten interrumpiéndose, chillándose, humillándose unos a otros en ocasiones, reduce diferencias con otros formatos. Las tertulias políticas hace tiempo que no se diferencian mucho en forma a estos programas de cotilleo. El debate electoral de la Sexta no fue una excepción. Debate sin contenidos, sin propuestas, candidatos insultándose, interrumpiéndose ... Si fueran otro tipo de personajes y no candidatos a la presidencia de la Generalitat, darían sólo vergüenza ajena; si el contexto socioeconómico no fuera el de una pandemia en la que nos hemos habituados a oír cifras de muertos diarios; si no estuviésemos viviendo una incertidumbre económica de enormes dimensiones; si no echáramos de menos tantas situaciones antes cotidianas en lo relacional y afectivo; si no estuviésemos hartos de mascarilla; si no percibiésemos amenazada nuestra salud mental... Si estuviésemos en otro momento, el espectáculo no sería tan descorazonador. Aún así, la mayoría de la población iremos a votar al candidato menos malo. La participación bajará, pero no tanto como se merece esta clase política. 

El ambiente es ansioso depresivo pero la rabia se está incubando y ojalá que cuando estalle se lleve por delante esta poliarquía cleptocrática. De momento sólo la extrema derecha parece estar capitalizando el descontento. Para ello van ensayando discursos que no huelan a fascista. Se ofenden de hecho cuando les interpela con éste término.

La oferta en el supermercado partidario es aparentemente completa. Incluye incluso algún partido extraparlamentario comunista de corte estalinista, que coincide en no pocos puntos discursivos con el nuevo fascismo, que está en fase populista. Ambos critican el discurso progre de la diversidad, aprovechan las contradicciones de la cultura posmoderna liberal que no atiende las cosas de comer (para los comunistas) o que dividen y distraen a los compatriotas (para los fascistas). Los comunistas no van a conseguir el 3% de votos necesarios para entrar en el Parlament, pero los fascistas van a conseguir unos buenos resultados y su discurso antifeminista y racista, cala en unas clases populares que se habían creído clases medias. La frustración de aspiraciones de buena parte de esta población es un caladero de votos para la extrema derecha y no se percibe una oferta que pueda traer alguna solución a los problemas concretos.

 La brecha entre lo aspiracional, lo que creemos que podemos ser, y lo que somos, se había llenado con ideología. Pero esa brecha ahora queda descubierta. Sólo los fachas parece están capitalizando eso, si bien todavía con poco acierto. El populismo de izquierdas ya fue asimilado al sistema y no se le espera en aportaciones para la revitalización democrática social. Los tiempos no están para postureos ni tuneos y pasar de coleta a moño, o de piso a casoplón, nos da una foto irritante. Con tanta mascarilla el maquillaje sobra. 

Ya se habla de repetición de elecciones y todavía no sabemos los resultados. Repetir es repetir, nada más. Cuando el sistema se cuelgue, y se colgará, mejor tener preparado un verdadero y sólido programa radical en lo democrático, económico, social y pluralista. De momento no lo veo sino en los márgenes.



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