Utilidad del freudomarxismo en el siglo XXI

 


Psicoanálisis y marxismo tienen algunos puntos en común. Ambas teorías entienden el mundo como movimiento y conflicto. Si el psicoanálisis entiende la psique como caracterizada por un funcionamiento dinámico, en el que el conflicto entre consciente e inconsciente desempeña un papel principal, el marxismo comprende también la sociedad como resultado de la lucha o conflicto entre grupos sociales con intereses antagónicos. 


Tanto el marxismo como el psicoanálisis se han ocupado tanto de la sociedad como del individuo. El marxismo vulgar ha privilegiado otros aspectos pero lo que es innegable es que Marx sí se ocupó del individuo y no fue para él un tema menor. El objetivo de la revolución socialista no sería otro que la realización del individuo, la superación de la enajenación o alienación en que lo coloca el sistema capitalista. Sin duda, dejar fuera el estudio del individuo ha sido un error para el marxismo de consecuencias políticas graves.


Como vemos, no se puede reducir el marxismo al estudio de lo objetivo, es decir a las condiciones materiales de producción, sino que lo subjetivo es un aspecto fundamental de la existencia.


Tres de los conceptos fundamentales en Marx, son conceptos psicológicos o con un componente psicológico de peso. Tanto la enajenación del individuo, la ideología, como el fetichismo de la mercancía, hacen referencia a un velado psíquico. Hay algo oculto de lo que el individuo no es consciente, y el develamiento es un objetivo que, de alcanzarse, tiene efectos potencialmente liberadores. 


Marx y Freud han sido criticados en sus descubrimientos y Marx especialmente en sus profecías. Cabe señalar aquí que la vigencia del psicoanálisis, y la del marxismo, estaría más en el método que en los descubrimientos concretos en momentos históricos también muy concretos. Ambos métodos son dinámicos, dialécticos, y sus descubrimientos tienen siempre un carácter provisional y sujeto a revisión. Lo que permanece en mayor medida es el método. Los descubrimientos, especialmente de la realidad social dinámica, son revisables, como la realidad misma que está siempre en transformación. 


En no pocas ocasiones hemos visto tanto en el campo de la política marxista, como en el de la política psicoanalítica, grupos, escuelas, instituciones que se escinden para a su vez generar nuevas instituciones que generan en su desarrollo más y nuevas escisiones. Es, entre otras causas, el entender estas disciplinas como estructuras intelectuales rígidas, a recitar a modo de catecismo, el principal enemigo de su propio desarrollo. El dogmatismo ha hecho daño a dos sistemas de pensamiento que en principio se presentan como superadoras del pensamiento mágico, supersticioso y religioso. En este sentido, ambas corrientes han dado lugar a su contrario en numerosas ocasiones. Así, procesos como la idealización del líder (léase la obra freudiana Psicología de masas y análisis del yo) han operado de manera repetida. En la formación de cuadros marxistas, bien valdría la pena incluir el estudio de estos procesos psíquicos, para no repetir lo repetido tantas veces 


El explicar que transformando las relaciones de producción se genera la liberación del individuo, la desalienación, sin explicar de qué modo se va a producir eso, no ha pasado la prueba de realidad. No hacernos conscientes de esto lleva a la repetición de fallos graves, trágicos en muchos casos.


El posible rechazo del psicoanálisis por parte de determinado marxismo, sería un sesgo estalinista. Si algo debería estar superado es precisamente el estalinismo no el psicoanálisis. Como pretendo argumentar, el psicoanálisis aportará profundidad en el análisis de sociedades e individuos, así como una mayor eficacia en la tarea de construir una sociedad más libre y justa. 


El marxismo fue más optimista que el freudismo respecto de la superación del sufrimiento humano. Hemos de asumir que el sufrimiento humano no se eliminará, ya que es consustancial al individuo. Lo que sí se puede es mejorar las condiciones de vida y aumentar los grados de libertad. Avanzar en ello es reducir la esclavitud a los inevitables sufrimientos. Sufrimientos que son de origen tanto social como individual. Desde este planteamiento, el freudomarxismo tiene mucho que aportar aún. 


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